Comenzaría a ejecutarse en junio, no se dice el año… eso lo guarda el señor Vargas como secreto, de no mediar este junio, puede señalar después que todo será para otro junio del año del ñauca.

Suerte perra, y perra encierra todo un odio concentrado. ¡Perra! En tono fuertemente despectivo.

Pero siguen por las calles, totalmente sueltos los quiltros piojentos y garrapatosos que hacen de las suyas como portadores de enfermedades y causando terror en los niños, las jauría de canes sueltos.

Hace años, , alguien reclamaba sobre la “eliminación de perros” vagos,(cartas al director El Mercurio 28 de febrero de 1974), por esos días, más que eliminar perros, la dictadura eliminaba gente. Se decía que era más que necesaria una “campaña” contra los cusquillos vagos, porque significaba cuidado e higiene para la salud pública. A treinta y cuatro años de distancia seguimos clamando por que se de solución a tan desagradables animalitos que en levas numerosas pululan por la ciudad.

El gordito Vargas entra a hora a meterse en este queso, bueno, no se trata de ratones, sino, en un nunca solucionado problema. Anota el simpático obeso, “si todos fuéramos responsables no tendríamos la situación actual”, para el caso se han considerado solucionar todo de acuerdo a variadas etapas. ¿ Y si desalojan a la concertación del gobierno y entra un flaco de poco humor? Volveremos nuevamente a la proliferación de perros que para el bicentenario seguramente duplicarán su número.

Pero, la papa, la tiene Hernán Vargas con un Plan Quinquenal de corte staliniano, invocando al bigotudo ex zar soviético, y los perros se esfumarán.

Al salir del local del PS, Varguitas pisó una feca de perro que adrede puso en su camino Caprioglio, al que siempre lo acompaña un pastor alemán.

Ah, un señor que se escondía bajo las iniciales M. E., y su carnet era 196.125 de Antofagasta, acotaba también que los de la UP le daban enormes bisteques de lomo a los quiltros y la gente movía cola para conseguir un pedacito de molleja..

En fin esos años hubo tal ventolera porque los ánimos se dividieron entre los que querían una perrera y los que insistían en un hogar de menores. No había como darles en el gusto.

Pero, los perros siguen… cuidado, no lo vaya a morder uno, como ese que mordió en ciertas partes blandas a una poeta.

Auuuuuuuuuuuuu…

El Mirón de la Calle.